Cómo comprimir imágenes sin perder calidad
Las imágenes "pesadas", por no decir: "altas en MB", hacen que los sitios web carguen lento, hacen difícil compartir con tus amigos o familiares, y ocupan mucho espacio en el teléfono. La buena noticia es: es muy probable que puedas reducir el peso de forma drástica sin que nadie note la diferencia — solo debes entender qué es lo que pasó con la imagen a nivel computacional, y dónde el ahorro deja de servir de algo.
Que haya imágenes de gigas no es una exageración, por cierto. La primera fotografía que publicó el observatorio Vera C. Rubin en 2025 tiene 5 gigapíxeles y ocupa 14,1 GB en un único archivo. Y del mosaico de Andrómeda que armó el Hubble ese mismo año —2.500 millones de píxeles, más de 600 tomas a lo largo de una década— la NASA directamente no ofrece la versión completa: la recortada ya pasa de los 700 MB. Si has llegado hasta aquí buscando cómo comprimir algo, es casi seguro que tu problema no es ninguna de esas dos.
Compresión con pérdida y compresión sin pérdida
Casi todas las compresiones funcionan de una de estas dos formas:
- Con pérdida (JPG, WebP, AVIF): descarta detalles que al ojo humano le cuesta notar a cambio de un archivo mucho más pequeño. De aquí sale prácticamente todo el ahorro.
- Sin pérdida (PNG): conserva cada píxel tal cual, solo que guardado de forma más eficiente. Más seguro, pero la reducción es mucho menor — y en una fotografía apenas ayuda.
Si un archivo tiene que adelgazar mucho, la respuesta casi siempre es con pérdida. La sin pérdida es para los casos en los que la exactitud píxel a píxel importa de verdad: un logotipo, una captura con texto que debe quedar nítido, cualquier cosa que vayas a seguir editando.
Qué compras realmente con el deslizador de calidad
Aquí está la parte que casi todas las guías se saltan. La relación entre el número de calidad y el peso del archivo no es una línea recta: es empinadísima arriba y casi plana abajo. Esto significa que al principio es supereficiente: bajas el peso de la foto sin que se note en la calidad. Pero si te pasas, empiezas a notar la imagen más fea, perdiendo casi nada de peso.
Lo medimos en lugar de repetir el consejo de siempre. La tabla es una única imagen de prueba de 1600×1200 codificada como JPG a lo largo del rango, con la imagen de origen generada por código para que la prueba sea reproducible:
| Calidad | Peso | Cambio respecto a calidad 100 |
|---|---|---|
| 100 | 1220 KB | — |
| 95 | 402 KB | −67% |
| 90 | 234 KB | −81% |
| 85 | 151 KB | −88% |
| 80 | 118 KB | −90% |
| 75 | 89 KB | −93% |
| 70 | 75 KB | −94% |
| 50 | 50 KB | −96% |
| 30 | 34 KB | −97% |
Lee otra vez las dos primeras filas. Pasar de 100 a 95 elimina dos tercios del archivo. Ese paso no cuesta prácticamente nada a la vista: a calidad 100 un codificador JPG está gastando cantidades enormes de bytes en preservar detalle que, por construcción, está por debajo del umbral que alguien va a notar.
Ahora mira la mitad de abajo. Entre 70 y 50 ahorras otros 25 KB, un 2% del original. Ahí ya estás cambiando calidad visible por casi nada. Ese es el argumento real contra bajar el deslizador a lo bruto: no es que la calidad baja se vea mal, es que a partir de cierto punto deja de comprarte tamaño.
Así que la regla práctica:
- Calidad 100 es casi siempre un error. Es el ajuste más caro que existe y el que nadie distingue de 95.
- Entre 75 y 85 es donde deberían vivir la mayoría de las fotos. Prácticamente invisible a tamaño normal de visualización, y ya has capturado más del 88% del ahorro posible.
- Por debajo de 60, compruébalo antes de dar por bueno. Empezarás a ver bloques en cielos y degradados: las zonas suaves son donde la compresión con pérdida falla primero y de forma más evidente.
Una advertencia sobre esa tabla: nuestra imagen de prueba lleva mucho grano fino, que es lo más difícil de comprimir, así que las cifras absolutas salen más altas que en una foto típica de móvil. Lo que sí se traslada es la forma de la curva — empinada arriba, plana abajo — y puedes confirmarla con tus propios archivos en dos minutos.
Comprimir es el segundo paso, no el primero
Si de este artículo te llevas una sola cosa, que sea esta: redimensionar suele ganarle a comprimir, y casi nadie lo hace.
Una foto recién salida de un teléfono móvil moderno anda por los 4000 píxeles de ancho. Si va a un post que la muestra a 800, estás guardando 25 veces más píxeles de los que nadie va a ver nunca. Ningún ajuste de calidad puede competir con sencillamente no enviarlos.
Conviene saber algo de nuestra propia herramienta: img-compress recodifica pero no redimensiona a propósito. Una foto de 4000×3000 vuelve siendo de 4000×3000, solo que más ligera. Es deliberado: lo pequeña que deba ser una imagen depende por completo de dónde va a acabar, y decidirlo por ti en silencio sería un mal valor por defecto. Pero significa que si tu problema son las dimensiones, el orden que funciona es reducir primero y comprimir después.
Ajusta el formato al contenido
La elección de formato mueve la aguja tanto como el deslizador, y en dirección contraria si te equivocas.
- Fotografías → JPG para compatibilidad máxima, WebP o AVIF para un archivo bastante más pequeño con la misma calidad visual o para subir a un sitio web.
- Capturas, logotipos, dibujo lineal, cualquier cosa con texto → PNG o WebP sin pérdida. La compresión con pérdida emborrona los bordes duros de las letras: una captura de texto guardada como JPG suele salir borrosa y más grande de lo que habría sido el PNG.
- Cualquier cosa con fondo transparente → PNG, WebP o AVIF. Si la guardas como JPG, la transparencia se rellena de blanco de forma permanente.
Esa última es la sorpresa desagradable más común al convertir, y no tiene vuelta atrás. WebP vs JPG vs PNG vs AVIF cubre la comparación completa.
Nunca recomprimas un archivo ya comprimido
Cada codificación con pérdida descarta detalle de forma permanente. Hacerlo sobre un archivo que ya pasó por el proceso descarta detalle de una imagen a la que ya no le sobra nada — se llama pérdida generacional y se acumula en silencio.
En la práctica: si un archivo apenas encoge al comprimirlo, normalmente es porque ya lo comprimieron antes. Eso es señal de dejarlo en paz, no de arrastrar la calidad hacia abajo hasta que algo ceda. Vuelve siempre al export original cuando exista, en lugar de regrabar una copia que ya hizo el viaje de ida.
Cuando tienes que caber en un límite concreto
Muchas veces el objetivo no es "más pequeño", es "por debajo de 5 MB, porque el formulario lo exige". Los adjuntos de correo, los portales de empleo y las sedes electrónicas imponen techos duros, y ahí el enfoque útil es distinto al de comprimir en general.
Ve en este orden, porque cada paso cuesta menos que el siguiente en lo que cedes:
- Mira primero las dimensiones. Si es una foto de móvil de 4000 píxeles y el límite aprieta, reducirla es casi gratis en calidad percibida y muchas veces te mete por debajo del límite sin más.
- Cambia de formato antes de bajar la calidad. Convertir un JPG a WebP con la misma calidad visual suele quitar entre un 25% y un 35%. Es una victoria más grande y más barata que empujar el deslizador de 80 a 60 — con la salvedad obvia de que el destinatario tiene que aceptar WebP, y los formularios de subida a menudo no lo hacen.
- Solo entonces baja la calidad, y para en cuanto estés por debajo del límite en vez de seguir por inercia.
Si necesitas un peso aún más bajo —algunos formularios siguen limitando a 1 o 2 MB—, una foto que ya pasó una vez por compresión puede sencillamente no colaborar en las siguientes, por lo de la pérdida generacional. Volver al original, si lo tienes, te será mucho más útil que exprimir una copia ya comprimida.
Cómo encontrar tu propio número en dos minutos
Cualquier recomendación, incluida la de arriba, es un promedio sobre imágenes que no son las tuyas. Comprobarlo no cuesta casi nada:
- Coge una imagen representativa — no la más fácil que tengas, una típica.
- Expórtala primero a 90, después a 80 y por último a 70.
- Míralas las tres al tamaño al que se van a ver de verdad, no con zoom-in o acercamiento de 400%. Ampliar así, o hacer zoom-in, es la forma de autoconvencerte de guardar archivos del doble de lo que necesitas.
- Anota los pesos. Elige el ajuste más bajo en el que no distingas la diferencia y úsalo para toda esa clase de imágenes.
El número que te salga será casi siempre más bajo de lo que esperabas, y será el correcto para tu contenido en lugar de para un benchmark.
Dónde comprimes también importa
Muchas herramientas de "compresor de imágenes gratis" funcionan subiendo tu archivo a un servidor, procesándolo allí y devolviéndotelo. Eso es una copia de tu imagen en hardware que no controlas, aunque sea brevemente, con unas condiciones de retención que probablemente no has leído.
img-compress se salta ese paso: el ajuste de calidad y la conversión de formato ocurren en tu propio dispositivo, así que un lote de fotos de producto, el escaneo de un pasaporte o cualquier cosa más personal no sale de tu dispositivo. Y puedes comprobarlo en vez de solo creer: abre las herramientas de desarrollo de tu navegador, ve a la pestaña "Red" y comprime alguna foto en nuestra herramienta. No verás en "Red" tu imagen saliendo a manera de upload.